Si trabajas en obra de hormigón habrás oído mil veces la palabra encofrado, pero el término encierra algo más que un par de tableros sujetos. El encofrado es la pieza que decide la forma final de muros, pilares y forjados, y de su montaje depende que la estructura salga con la geometría proyectada, el acabado correcto y dentro de plazo. Este artículo lo explica de forma sencilla: qué es, para qué sirve, de qué partes se compone y por qué la presión del hormigón fresco condiciona todo el cálculo.
Es contenido educativo, orientado a quien empieza en obra o a quien encarga la estructura y quiere entender el oficio antes de pedir presupuesto. No entra en el detalle comercial de cada sistema —para eso están las páginas de servicio—, sino en los fundamentos del encofrado de hormigón.
Qué es un encofrado
Un encofrado es el molde temporal que contiene y da forma al hormigón fresco mientras este fragua y endurece. Se monta antes de verter el hormigón, lo sostiene durante el fraguado y se retira después, en la operación de desencofrado. A diferencia del molde de una pieza fabricada en taller, el encofrado se monta y se desmonta en la propia obra, una y otra vez, para cada elemento de la estructura.
La clave está en la palabra temporal. El encofrado no forma parte de la estructura terminada: cuando el hormigón alcanza la resistencia exigida y puede sostenerse por sí mismo, el molde se retira y se reutiliza en el siguiente tajo. Cada uso de un mismo panel se llama puesta, y el número de puestas que admite un sistema es uno de los factores que más pesan en el rendimiento y el coste de la obra.
Conviene aclarar un punto: el encofrado es un molde para hormigón. No debe confundirse con las estructuras metálicas de acero (pilares y vigas soldados o atornillados), que son un oficio distinto. El encofrado da forma al hormigón hasta que fragua; el acero estructural es otra cosa.
Para qué sirve: la función del encofrado
El encofrado cumple dos funciones a la vez. La primera es dar forma: definir la geometría, las dimensiones y el acabado del elemento de hormigón, ya sea un muro, un pilar, un forjado o una pieza de obra civil. La cara del molde es la que quedará vista (o no) en el hormigón endurecido, de modo que la calidad del panel marca el acabado final.
La segunda función es resistir el empuje del hormigón. El hormigón recién vertido es una masa fluida y pesada que presiona contra las caras del molde, sobre todo en los elementos verticales como muros y pilares. El encofrado y sus apoyos deben aguantar esa presión sin deformarse ni abrirse, porque cualquier movimiento del molde se traduce en una pieza fuera de tolerancia. Por eso un encofrado no es solo “los tableros”: es un conjunto calculado para una presión concreta.
Además, en los elementos horizontales —forjados y losas— el encofrado sostiene el peso del hormigón fresco y de las cargas de obra hasta que el hormigón endurece y puede soportarse a sí mismo. Esa función de apeo se mantiene incluso después de retirar los tableros laterales, mediante el apuntalamiento.
Las partes de un encofrado
Aunque cada sistema tiene su nomenclatura, un encofrado se compone básicamente de estos elementos:
- Paneles y tableros — la superficie que está en contacto con el hormigón y define el acabado. Pueden ser tableros fenólicos de madera o paneles metálicos de acero o aluminio (los llamados paneles marco).
- Vigas y correas — los perfiles (de madera o metálicos) que rigidizan los tableros y reparten los esfuerzos hacia los apoyos.
- Sopandas y cimbra — los elementos que sostienen el encofrado horizontal de forjados y losas, transmitiendo la carga hacia los puntales o las torres.
- Puntales — los apoyos verticales regulables (normalmente telescópicos de acero) que soportan el conjunto y mantienen el apuntalamiento hasta el desencofrado.
- Accesorios — tirantes y barras de unión, anclajes, esquinas, tapas, ménsulas y plataformas de trabajo, además del agente desencofrante que facilita la retirada del molde sin dañar el hormigón.
El conjunto se monta siguiendo unos planos de montaje que define la empresa de encofrado, donde se indica la disposición de cada pieza, los anclajes y la secuencia de montaje y desmontaje.
Tipos de encofrado, en breve
Los encofrados se clasifican principalmente por el tipo de elemento que conforman. De forma resumida:
- Encofrado vertical — para muros, pilares y pantallas. Es el que más sufre la presión del hormigón fresco, porque la masa empuja contra las caras verticales. Incluye soluciones a dos caras y a una cara.
- Encofrado horizontal — para forjados y losas, donde el molde sostiene el hormigón en horizontal apoyado sobre sopandas, puntales y torres de carga.
- Encofrado trepante — para elementos verticales de gran altura como núcleos de edificios, pilas de puente o silos, en los que el sistema “trepa” apoyándose en el hormigón ya endurecido para hormigonar la siguiente fase.
Junto a estas familias existen los encofrados de obra civil (túnel, carro de encofrado) y los sistemas modulares recuperables. Cada artículo de blog y cada página de servicio entra en su detalle; aquí basta con saber que la elección del tipo la marca la geometría de la estructura, el plazo y el rendimiento buscado.
De qué materiales está hecho un encofrado
El material del encofrado condiciona el acabado, el peso, el número de puestas y el coste. Los tres grandes grupos son:
- Madera — tableros fenólicos, tablones y vigas de madera. Es la solución más versátil para geometrías singulares y elementos no repetitivos; el tablero se puede cortar y adaptar en obra. Su número de puestas es menor que el del material metálico.
- Metálico (acero) — paneles marco de acero, robustos y de muchas puestas, indicados para muros y pilares repetitivos donde interesa amortizar el sistema a lo largo de la obra. Suelen necesitar grúa por su peso.
- Aluminio — sistemas modulares ligeros, manoportables en muchos casos, que combinan reutilización alta con un peso manejable sin grúa. Útiles en edificación residencial con tajos repetitivos.
No hay un material “mejor” en abstracto: la opción adecuada depende del tipo de elemento, del acabado, de las puestas previstas y de los medios de elevación disponibles en obra. Esa selección la hace la empresa de encofrado sobre los datos concretos de cada proyecto.
El desencofrado y la presión del hormigón fresco
Dos conceptos cierran el ciclo del encofrado. El primero es la presión del hormigón fresco: el empuje que ejerce la masa fluida sobre las caras del molde antes de fraguar. Esa presión no es un valor fijo, sino que depende de la velocidad de hormigonado, la temperatura, la consistencia del hormigón y la altura de cada puesta. La norma de referencia para calcularla es la DIN 18218, y es la empresa de encofrado quien dimensiona el sistema sobre los datos de la obra; el encofrado y sus apoyos se proyectan también conforme a normas de cimbras y apuntalamiento como la UNE-EN 12812 y de puntales como la UNE-EN 1065.
El segundo concepto es el desencofrado: la retirada del molde una vez el hormigón ha alcanzado la resistencia necesaria. El plazo de desencofrado lo fija la dirección facultativa de la obra, no la alquiladora ni un calendario genérico, porque depende del tipo de hormigón, la temperatura y la función del elemento. En España, la ejecución de las estructuras de hormigón —incluidos los plazos de desencofrado y las tolerancias— se rige por el Código Estructural (RD 470/2021), que sustituyó a la antigua EHE-08. Retirar el encofrado antes de tiempo compromete la pieza; mantenerlo de más penaliza el rendimiento. De ahí que el cálculo y la planificación los aporte el proveedor especializado, sobre el proyecto de la dirección facultativa.
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Este artículo es orientativo y de carácter divulgativo. El cálculo del encofrado y de la presión del hormigón fresco, el proyecto y los planos de montaje, el plazo de desencofrado y el cumplimiento de la normativa aplicable los determinan la empresa de encofrado y la dirección facultativa de cada obra. Verifica siempre la edición vigente de las normas citadas y las condiciones concretas de tu proyecto.